viernes, 3 de octubre de 2014

FE, ESPERANZA Y CARIDAD BELLOS SENTIMIENTOS



FUNDACION ONEYDA CAYETANO

LA ESPIRITUALIDAD Y LA HUMILDAD QUE NECESITA EL SER HUMANO SON TRES  Y SON HERMANAS,  ELLAS SON: FE, ESPERANZA Y CARIDAD.

Las Guardianas del Espiritismo
 Fe, Esperanza, y Caridad


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LA FE

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Soy la hermana mayor de la Esperanza y de la Caridad, me llamo Fe.

Soy grande y fuerte; el que me posea no teme mi al hierro ni al fuego; es a prueba de todos los sufrimientos físicos y morales. Resplandezco sobre vosotros como una antorcha cuyos chispeantes rayos se reflejan en el fondo de vuestros corazones, y os comunico la fuerza y la vida. Entre vosotros se dice que yo levanto las montañas y yo os digo: Vengo a conmover al mundo, porque el Espiritismo es el que debe ayudarme. Uníos, pues, a mí; yo os convido: soy la Fe.

¡Soy la Fe! Habito con la Esperanza, la Caridad y el Amor en el mundo de los espíritus puros. A menudo he bajado de las regiones aéreas y he venido sobre la tierra a regeneraros dándoos la vida del espíritu, pero a excepción de los martires de los primeros tiempos del cristianismo y algunos fervientes sacrificios hechos de tarde en tarde para el progreso de la ciencia de las letras, de la industria y de la libertad sólo he encontrado entre los hombre indiferencia y frialdad y he vuelto a remontar tristemente mi vuelo hacia el cielo; me creíais entre vosotros, pero os engañabais; porque la Fe sin las obras, no es la Fe; la verdadera Fe es la vida y la acción.

Antes de la revelación del Espiritismo, la vida era estéril; era un árbol seco por las refulgentes chispas del rayo que nada producía. Se me reconoce por mis actos; ilumino las inteligencias, caliento y reanimo los corazones en mi regazo; alejo de vosotros las influencias engañosas y os conduzco a Dios por la perfección del espíritu y del corazón. Venid y agrupaos bajo mi estandarte, soy poderosa y fuerte: soy la Fe.

Soy la Fe, y mi reinado empieza entre los hombres, reinado pacífico, que les hará felices para el tiempo presente, para la eternidad.  La aurora para mi advenimiento entre vosotros es pura, serena; su sol será resplandeciente y su ocaso vendrá a mecer dulcemente a la humanidad en los brazos de eterna felicidad. ¡Espiritismo! Derramas sobre los hombres tu bautismo regenerador; yo les hago un llamamiento supremo, soy la Fe.
 

LA ESPERANZA

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Me llamo la Esperanza; os sonrío cuando entráis en la vida, en ella os sigo, paso a paso, y sólo os dejo cuando llegáis a los mundos en que se realizan, para vosotros, las promesas de felicidad que sin cesar oís. Soy vuestra fiel amiga; no rechacéis mis inspiraciones: Soy la Esperanza. Yo soy la que canto por el camino con la voz del ruiseñor, y la que en el eco de los bosques exhalo esas notas lastimeras y armoniosas que os hacen entrever los cielos; yo soy la que inspiro a la golondrina el deseo de anidar sus amores al abrigo de vuestros techos; juego con las brisas que acaricia vuestros cabellos; derramo a vuestros pies los perfumes suaves de las flores de vuestros jardines, y casi nunca ocupáis vuestro pensamiento con esta amiga que tan sincera os es. No la rechacéis: es la Esperanza.

Tomo todas las formas para acercarme a vosotros; soy la estrella que brilla en azul del cielo, el caliente rayo del sol que os vivifica: yo os entretengo por las noches con sueños festivos; alejo de vosotros el negro cuidado de los pensamientos; guío vuestros pasos por el sendero de la virtud; os acompaño en vuestras visitas, a los moribundos, y os inspiro las palabras afectuosas que les consuelan. No me rechacéis; yo soy la Esperanza.

!Soy la Esperanza! Yo soy la que en invierno hago crecer en la corteza de las encinas el musgo espeso donde los pajarillos construyen su nido; soy la que en la primavera corona el manzano y el almendro de blancas y rosadas flores, y las esparzo sobre la tierra sobre alfombra celeste que hace aspirar a los mundos felices. Sobre todo, yo estoy en vosotros cuando estáis pobres y enfermos, mi voz suena sin cesar en vuestros oídos, no me rechacéis: soy la Esperanza. No me rechacéis porque el angel de despero me hace una Guerra encarnizada y agota sus esfuerzos para tener mi puesto al lado de vosotros; no siempre soy la más fuerte, y cuando consigue que me aleje, os rodea con sus fúnebres alas, desvía vuestros pensameintos de Dios y os conduce al suicidio; uníos a mí para alejar su funesta influencia y dejaos mecer dulcemente en mis brazos porque yo soy: la ESPERANZA.

LA CARIDAD

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Soy la Caridad, sí, la verdadera Caridad; en nada me parezco a la caridad que vosotros practicáis. La que ha usurpado mi nombre entre vosotros, es fantástica, caprichosa, exclusiva, orgullosa y vengo a precaveros contra los defectos que empañan, a los ojos de Dios, el mérito y resplandor de sus buenas acciones. Sed dóciles a las lecciones que el Espíritu de Verdad os da or mi voz; seguidme los que me sois fieles: yo soy la Caridad.

Seguidme; yo conozco todos los infortunios, todos los dolores, todos los sufrimientos, todas las afliccciones que asedian a la humanidad. Soy la madre de los huérfanos, la hija de los ancianos, la protectora y el sostén de las viudas; curo las llagas infectadas: cuido todas las enfermedades; doy vestido, pan y abrigo a los que no lo tienen; subo hasta las más miserables buhardillas; voy a la humilde pocilga; llamo a las puertas de los ricos y poderosos, porque donde quiera que viva una criatura humana, hay bajo el velo de la felicidad amargos y punzantes dolores. !Oh!  Cuán grande es mi tarea! No basto a llenarla si no venía en mi ayuda; venid a mí yo soy la Caridad.
 
No guardo preferencia a nadie; jamás digo a los que necesitan: “Tengo mis pobres, dirigíos a otra parte”.  !Oh, falsa caridad, qué daños haces! Amigos, nos debemos a todos; creedme no rehuséis vuestra asistencia a nadie, socorred los unos a los otros con bastante desinterés para no exigir ningún reconocimeinto de parte de los que habréis socorrido, la paz del corazón y de la conciencia es la dulce recompensa de mis obras: yo soy la verdadera Caridad. Nadie en la Tierra conoce el número y la naturaleza del bien que hago; sólo la falsa caridad hiere y humilla al que consuela. Guardáos de este funesto extravío; las acciones de esta clase no tienen ningún mérito delante de Dios, y llaman sobre vosotros su cólera. Sólo él debe conocer los generosos rasgos de vuestros corazones cuando os hacéis tributarios de sus beneficios. Guardáos, pues, amigos, de dar publicidad a la práctica de la asistencia mutua, no la déis tampoco de limosna: creedme: yo soy la Caridad. Tengo que consolar a tantos desgraciados, que muy a menudo se me quedan los pechos y las manos vacías; vengo a deciros lo que espero de vosotros. El Espiritismo tiene por divisa “Amor y Caridad”, y todos los verdaderos espiritistas querrán conformarse a este sublime precepto, predicado por Cristo hace más de diez y nueve siglos. Seguidme, pues, hermanos; yo os conduciré al reino de Dios nuestro padre: yo soy la CARIDAD. 

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